Llevaba dos años pensando que Max era un perro difícil. Que yo lo había criado mal. Que me faltaba autoridad. Que si hubiera sido más constante con el adiestramiento desde cachorro, nada de esto estaría pasando.
Dos años castigándome. Y castigándole a él, aunque fuera solo con el tono de voz cuando llegaba a casa y encontraba el desastre.
Hasta que una veterinaria me explicó algo que cambió completamente cómo entendía a mi perro.
"Max no se porta mal. Max tiene miedo. Y el miedo no se corrige. Se trata."
— Veterinaria especialista en comportamiento caninoEso fue todo. Ocho palabras que me quitaron dos años de culpa de encima.
Si tienes un perro que se pone frenético cuando te vas, esto es para ti.